La neta es que yo no sé que hago con esta vieja. Al verla ahí, tirada a mi lado a medio tapar, envuelta con ese camisón amarillo patito que me hizo comprar el año pasado en Darfur (¡maldito festival!), con el pretexto de quererme dar una sorpresa en mi cumpleaños.
Y claro que fue sorpresa, me danzó el bailecito que me hizo en nuestra noche de bodas. La pobre no sabe reconocer las diferencias entre tener 20 y 60, (tampoco en estar drogado y alcoholizado y que lo único que me pueda meter ahora es omeprazol).
Sin embargo, yo creo que no me merezco esto. He hecho tanto libro y poema, no para terminar durmiendo con esta vieja. Ni siquiera cuando volvimos a Chilpacingo se me perdió, ¡Nada! La muy viva usó el truco de Hansel y Gretel y fue echando mocos cada 5 metros en la avenida y pudo volver.
¡Pero cómo me babea la sábana fina que me regaló mi hermano el millonario! lo único que salvamos del embargo que nos hicieron en el año 76, cuando no vendía ni un libro, ¡maldita revista del chavo del ocho!
Si yo no sé que hago con esta mujer, pero es mi culpa, por tratarla como reina de telenovelas, por dejarme engañar con sus artes sucias y amatorias, cuando me la llevé al bosque (bueno al parque de Chapultepec) creyendo que era doncella y estaba más a... pero por eso la pasé bien, no puedo negarlo. Si tigre fui, fue por ti vieja. Pero ya pasó. Ni yo tengo ahora garras ni tu tienes muelas. Pasó.
Deja de roncar vieja embustera, a ver si te atoras con la placa de una buena vez y así venderé estas sábanas y tus aretes con todo y orejas. Y me iré a Acapulco a buscar niñas morenas que hagan algo con el Lázaro entre mis piernas.
Lady Lee
Sniff Sniff
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario