Así como hubo un Chile con tristeza aguda, grave y esdrújula, hubo también un festival de poesía en Bogotá, sin tristezas, algunas peleas y abundantes borracheras. Qué tan especial ha debido ser semejante encuentro que hasta ahora no vuelvo a la realidad. Todavía se confunden las calles de Valparaíso con la séptima o novena, o cualquiera de las ecuaciones matemáticas que había que memorizar para llegar de vuelta al hotel o cualquiera de los huecos conocidos, tomados casi como propios durante esa pequeña semana. Qué tan especial debió ser semejante encuentro que aún oigo en la voz de la calle tonos cantados, entre colombiano y mexicano, un poco del DF, un poco tijuanateco.
Es que Colombia es tan amable, un poco lacaya por momentos pero sin intención de sometimiento. Se extraña esa calidez que me haría tan bien durante este frío chileno. Se extraña la comodidad del hotel. Hasta hoy me he rehusado a hacerme el desayuno, ¿dónde están los mozos? Pero hablando en serio, el conocer a tanta gente interesante, inteligente, y humana, principalmente, es algo con lo que ya uno se siente bien pagado. Es cierto que hubo momentos en que nos asustamos con duendes azules, “locos geniales” y locos de verdad, pero también reímos de los reyes sin corona, primeras damas sin joyas reales y kriptonitas afiladas. Y todo tuvo su encanto, todo.
Y claro, mi grupo de todos fue el mejor. Estoy seguro de que llamamos la atención, ya sea por el arte, por la droga o toda la bulla que Silbert tan bien debe recordar. Sea por lo que sea, estoy seguro de que fuimos sensación. A pesar de no tener autos descapotables, fuimos famosos como las melcochas. ¡Sí señor!
Aclaremos que estas palabras no significan que no podremos huir de la experiencia y que caeremos atrapados en ella para siempre, claro que no… aunque da un poco de ganas. Ojalá que el olvido venga muy tarde esta vez y que no pueda llevarse las risas ni los abrazos.
Para terminar, por hoy, quiero decir nuevamente que fue genial, sin lugar a dudas, esta gran experiencia, y que el hecho de que haya acabado no significa que la amistad no quedará. Tan solo, que al igual que las cabras que se fueron al monte, cada cual se fue a su hogar.
Lady Lee
Sniff Sniff
miércoles, 4 de junio de 2008
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