Por Lady Lee
Urgando entre las flores de equinoccio,
un bicho se acercó hasta mi floresta
y alzándose cual ser vertido en ocio
clavo su miel de sal entre mi testa.
El bicho ecuatorial que ya no existe,
es como el chupacabras de mi patria.
Se asoma entre mis sombras de despiste
y pica con sus fauces a su matria.
Lo sigo con un cruel insecticida
a ver si ya se muere de contado,
entonces lanza un fado el desgraciado.
No quiero yo volverme una homicida,
pero este insepto es mierda del demonio
y no es como el poeta Celedonio...
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